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Bohemio
Académico
Abogado
El jueves pasado (10 de marzo de 2026) falleció Enrique del Carril, cofundador de Fores y una de las voces más lúcidas y comprometidas en el debate sobre la mejora de la Justicia en la Argentina.
Enrique dedicó buena parte de su vida profesional a pensar, enseñar y promover reformas que fortalecieran el Estado de Derecho. Fue socio fundador de Fores, integrante de su Comité Ejecutivo durante décadas y presidente de la institución entre 1995 y 2001, contribuyendo de manera decisiva a consolidarla como un espacio de reflexión y propuestas sobre el sistema judicial argentino.
Su mirada sobre la reforma judicial siempre fue clara y profunda. Sostenía que cualquier transformación del sistema debía contemplar tres dimensiones inseparables: la administrativa-funcional, la humana y la institucional. Pero también advertía que, entre todas ellas, la más importante era la dimensión humana.
Solía decir que sin buenos jueces y buenos abogados ningún sistema funciona, mientras que incluso un sistema imperfecto puede funcionar razonablemente bien si está integrado por personas con formación, independencia y compromiso ético.
Por eso insistía en que la verdadera reforma de la Justicia debía concentrarse en mejorar los sistemas de formación y designación de magistrados, más que en cambios meramente estructurales o administrativos.
En sus últimas reflexiones sobre el futuro de Fores dejó también una enseñanza que hoy cobra especial valor: la convicción de que la institución debía seguir siendo un espacio abierto, plural y de debate, donde nadie posee una “verdad revelada” y donde el prestigio de Fores se construye a partir del intercambio de ideas y del compromiso de quienes trabajan por una mejor justicia.
Quienes lo conocimos sabemos que Enrique fue un maestro de la abogacía, un pensador independiente y un defensor constante de la ética profesional.
Desde Fores lo despedimos con gratitud y con la certeza de que su pensamiento, su ejemplo y su compromiso seguirán inspirando nuestro trabajo.
Su legado nos recuerda que la mejora de la Justicia no es sólo un problema institucional: es, ante todo, una responsabilidad humana.
Tristán Rodríguez Laredo
Mucho de lo que se escribirá sobre Enrique del Carril, fallecido ayer jueves 12 de marzo, girará alrededor de sus múltiples facetas que supo cultivar. No sólo por su innata curiosidad e inclinación sobre cuestiones que iban más allá de su profesión (era abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina y llegó a ser presidente del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires -2006-2010-), sino que era un agudo observador de la actualidad y un gran lector para bucear paralelismos con los comportamientos.
Tanto que fue un ávido colaborador de la revista Empresa y fue su primer director cuando la versión impresa migró al espacio virtual. Convencido de la importancia de compartir ideas y convicciones para su discusión pública, no dejó de publicar columnas y notas editoriales para fijar su posición personal o conversar con el resto del equipo los fundamentos de su próxima editorial.
Como autor, publicó, además innumerable cantidad de columnas en medios de alcance nacional y también los orientados a los profesionales del Derecho. En particular, como dejó en claro al ser parte del grupo fundador de FORES, asignaba al buen funcionamiento de la Justicia un pilar fundamental para el despliegue de las virtudes republicanas. Pero no se aislaba en un principismo inoperante. En una columna referida al peligro de la búsqueda de la perfección en materia política como una fuente de parálisis estéril, decía en “Nuevamente el partido de los justos”, que “el partido de los puros solo servirá para dividirnos y desencadenará una situación de violencia cuyo resultado final será acentuar la división de los argentinos”. Esa grieta que se profundiza a medida que unos y otros ven rédito en la simplificación de la realidad, encumbrando el eslogan y el ideologismo como la verdad revelada.
Tanto que, se propuso volcar estas inquietudes a través de un ensayo histórico, otra de sus grandes pasiones en el libro “El País de los Cátaros” (Ediciones Dunken, Buenos Aires, 2017). Se trata sobre la herejía cátara (albigense), su origen, su desarrollo y sus manifestaciones en el mundo de hoy. Relata la cruzada contra los albigenses y reflexiona sobre los efectos de la filosofía cátara en el mundo. “Tengo cinco hijos y planté árboles con diversa suerte y ‘El país de los Cátaros’ fue la realización de un sueño de mi niñez cuando jugaba a ser un caballero medieval[1]. A su vez fue un camino seguro en la afirmación de mi fe y del misterio que la sustenta como la religión verdadera”, explicaba en una serie de notas que este portal realiza a los socios escritores, que felizmente son muchos.
Su preocupación, comentada luego, es la del avance del populismo en todas sus formas, pero que se alimenta de una visión que inspira una forma de hacer política contemporánea. “A esta visión, enmarcada en la conquista del poder, cultora del corto plazo y del atajo, le conviene los fanatismos y la creación de enemigos irreconciliables que hay que eliminar”, reflexionaba.
Su legado es el del diálogo permanente, su preocupación es el de logar el bien común a través de acuerdos y la adhesión a los pilares republicanos. El derecho, para él, fue un camino indispensable, pero no el único. Por eso convivió con legos en esta redacción, pero que compartíamos una misma pasión basadas también en los pilares del humanismo cristiano, que nos impulsa a dialogar, leer y compartir, escribiendo y debatiendo. Querido Enrique, muchas gracias por tu compromiso y tu escucha atenta. Descansa en paz, tu
En rique V. del Carril - Nacido en la ciudad de Buenos Aires el 19 de abril de 1947. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina, Buenos Aires, 1970. Miembro del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal. Fue Presidente de nuestro Colegio (2006-2010), habiéndose desempeñado anteriormente como Director y presidente de la Comisión de Justicia. Actualmente era miembro del Consejo Asesor del Directorio. Fue socio fundador del FORES (Foro de Estudios sobre Administración de Justicia), miembro de su Comité Ejecutivo (1976 – 2004) y Presidente del mismo (1995 – 2001). Ejerció su profesión en el Estudio Beccar Varela y fue socio fundador del Estudio Fornieles & del Carril hasta la disolución del mismo. Fue socio fundador del Estudio del Carril, Colombres, Vayo & Zavalía Lagos. Fue Asesor de la Asociación de Fabricantes de Cemento Pórtland y miembro del Comité de Política Laboral y de Seguridad Industrial de la Unión Industrial Argentina. Se ha desempeñado como árbitro en Tribunales ad – hoc en conflictos derivados del contrato de Construcción. Juez titular del Tribunal de Mediación y Arbitraje de la Bolsa de Comercio de Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires. Ha intervenido como árbitro en arbitrajes nacionales e internacionales. Integra la lista de árbitros del Centro Empresarial de Mediación y Arbitraje (CEMA) y del Tribunal Arbitral del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires. Miembro del Comité Académico del Programa Anual de Profundización en Derecho y Magistratura Judicial en la Facultad de Derecho de la Universidad Austral. Codirector de la investigación "Justicia y Desarrollo Económico" realizada por el Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia (FORES) para el Consejo Empresario Argentino al Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires. Se ha desempeñado como profesor asistente de derecho Civil II (Obligaciones) en las Facultades de Derecho de la Universidad Católica Argentina y como Profesor Adjunto en la Universidad de Buenos Aires en dicha materia; en el Programa Master en Economía y Ciencia Política de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE) y como profesor a cargo del Seminario “Cultura Jurídica y Sistema Judicial de la Universidad Austral y en cursos de postgrado de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica Argentina. Actualmente es Profesor de Postgrado en la División de Capacitación del FORES (Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia) y profesor de Ética Profesional en la Facultad de Derecho de la Universidad Austral. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas en la materia y periódicos de circulación general. Co-autor del libro La Justicia - Un Plan Integral de Reforma al Sistema Judicial Argentino, Fundación Banco de Boston, 1993. Co- Autor del libro La Ética del Abogado, Abeledo Perrot, 1994 (Mención de Honor en el Premio Dr. Rodolfo Moltedo organizado por el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, 1994).
[1] El país de los cátaros Jean Guitton “Lo Impuro”. Hace 54 años me recibí de abogado y escribir fue una parte importante de mi profesión....
PERSONALES
José M. UGARTE (LA NACIÓN, 17Mar26)
Falleció el Dr. Enrique V. del Carril, un distinguido abogado quien fuera presidente del Colegio de Abogados, Director de ACDE, fundador de Fores, con un curriculum que sería muy largo de enumerar. Ejemplo de humildad y generosidad. La multitud que acompañó su entierro lo decía todo. Gran padre, abuelo y amigo. Cultivó siempre el campo de las virtudes. Hoy, cuando leemos las cartas de lectores que revelan la situación del mundo y los entretelones de la vida política argentina, sentí la necesidad de enviar a través de estas líneas una bocanada de aire fresco. Y quisiera despedirlo citando a un familiar suyo que se distinguió como político y escritor y que falleció muy joven: José Manuel Estrada, quien dijo una vez: “Dios no nos pide la victoria, nos pide la lucha, con la victoria premiará nuestros esfuerzos”. El doctor Del Carril nos dejó victorioso.
Gonzalo VAYO
Se fue un grande. Ayer nos dejó Enrique V. del Carril, mi socio y amigo. Enrique era de esas personas con las que podías hablar horas y que parecía saber de todo. Un abogado brillante, que compartía sus conocimientos con todos los que estábamos cerca con una generosidad increíble, pero sobre todo con una humildad que lo caracterizaba. Me quedo con sus cuentitos de fin de año, su sonrisa contagiosa, pero sobre todo, con la fortuna de haber compartido 36 años a su lado. Lo lindo de tener fe es saber que nos vamos a volver a encontrar. ¡Hasta siempre Enrique!
Horacio RANDLE
Un señor en todo sentido. En caballero del derecho y de la vida. Un genio distraído, con la mejor carcajada que conocí. De antología su discurso en inglés cuando inauguró el Congreso de la IBA en Buenos Aires. Enrique, descansá en paz, recorriste el buen camino, combatiste el buen combate y siempre mantuviste y compartiste tu Fe. Nos vemos en el Cielo (si logro hacer algo parecido a lo tuyo) Hasta siempre ¡!.
Marcelo CRIVELLi
¡¡Que linda despedida, Gonzalo!! Cualquiera es abogado. Muy pocos llegan a su jerarquía. Mucho menos aun, logran conjugar ese nivel profesional con su cultura general y con su humo. Ahora, individuos que a todos esos dones suman la calidad y humanidad de Enrique, son aún más escasos que los cátaros en ese siglo XXI. Abrazos para Marta, para sus hijos y nietos, y para sus socios, todos ellos gente de bien.
IGNACIO ALPERIN
QEPD La dupla de dos mentes brillantes, que en su momento hicieron con Horacio Lynch, puso a la justicia y al derecho en un lugar central de la discusión política e institucional Una gran pérdida.
Gerardo CRESPO
Lindas palabras Gon. Se fue un grande, un ser humano excepcional, muy generosos, con grandes valores, una calidez impresionante, y un gran conversador. Deja un legado enorme y una familia muy linda y gigante que nunca lo olvidará. Nos quedó pendiente la visita a los “Ocho escalones” de la que hablábamos siempre. QEPD -
Poco puedo agregar a todo lo que se ha dicho sobre lo profesional, y lo académico.
Ampliando la visión, Habría que hablar mucho de su cultura general, de su su veta filosófica. También de sus preocupaciones políticas y de peculiares versiones sobre la historia argentina.
También decir algo más sobre su personalidad un bohemio, como insistía en describirse: no uso reloj al menos hasta que los electrónicos le impedián mirar los relojes en las muñecas de los vecinos, "egoistas" los describió), de un tipo jovial con un gran sentido del humor.
Tampoco puede describirse a Enrique sin pensarlo en términos de familia. Excelente padre, formó una gran familia que armó con Marta y sus cinco hijos.
También estaba su primera familia, sus padres, el Ingeniero Salvador del CARRIL, fundador del INTA, su madre ESTRADA, y sus hermanos. Y siempre abarcaba a sus hermanos 'políticos', cuñadas y cuñados. Y también quería mucho a su infinidad de primas y primos.
Le gustaban muchos los deportes: lo conocí jugando al fútbol en nuestro ridículo equipo ALL BANANAS de la UCA Abogacía, al que invitamos siendo mucho más chico que nosotros, para levantar nuestro pésimo nivel. Luego intentó otros algunso exóticos, como el avistaje de aves y aún la conducción de sulkys -hasta que una espantada en un corral le quitó las ganas-, siempre con Marta. Y terminó en el golf.
En lo personal me dejó un gran recuerdo con la dedicatoria que me escribió en ocasión de libro LA ETICA DE LA ABOGACIA:
(A Horacio, en agradecimiento porque, muy temprano en la profesión, me llamaste para reflexionar juntos sobre los temas esenciales de nuestra abogacía. El contenido de este ensayo surge de las motivaciones que vos siempre supiste darme. Un abrazo, Enrique, septiembre/85)
Enrique del Carril (1947 - 2026)
Por Pablo Pirovano
“Su legado más importante es una forma de entender el papel del Derecho y de las instituciones en la vida democrática. Una forma que combina independencia intelectual, apertura al debate y convicción en la necesidad de fortalecer las bases del Estado de Derecho. Ese fue el espíritu con el que nació Fores”.
Hoy me toca rendir homenaje a un grande de la abogacía. El 12 de marzo nos despedimos de Enrique del Carril (1947-2026) e inevitablemente me moviliza a volver sobre la historia y el sentido de Fores. No solo porque fue uno de sus fundadores y uno de los principales animadores de su vida institucional durante décadas, sino porque su pensamiento expresa con claridad el espíritu con el que nació nuestra institución.
Fores surgió en 1976 de la iniciativa de un grupo de jóvenes abogados que, con una mezcla de idealismo y espíritu crítico, decidieron dedicar parte de su tiempo a reflexionar sobre el funcionamiento del sistema judicial argentino y a promover su reforma. Aquellos fundadores (que destaco con admiración, tenían entre 25 y 32 años) partían de un diagnóstico que, lamentablemente, conserva vigencia: la Justicia argentina arrastraba problemas estructurales que no podían resolverse mediante reformas parciales o improvisadas.
Hasta ese momento, los intentos de mejora del sistema judicial se habían limitado casi siempre a tres caminos: modificar los códigos procesales, aumentar el número de juzgados o redistribuir competencias entre tribunales. Estas medidas, si bien podían aliviar coyunturalmente algunos problemas, no atacaban las causas profundas del deterioro institucional.
La propuesta de Fores fue distinta desde el comienzo. Sus fundadores plantearon la necesidad de un plan integral de reforma judicial, basado en la convicción de que los problemas del sistema judicial estaban interconectados y debían ser abordados de manera armónica. Ese plan se estructuró en tres dimensiones fundamentales: la administrativa-funcional, la institucional y la humana.
Enrique del Carril fue uno de los más claros exponentes de esa concepción. Para él, como para muchos de quienes participaron en los primeros años de Fores, la reforma judicial no era una cuestión meramente técnica ni un debate exclusivo de especialistas. Era, ante todo, un problema institucional que afectaba a la calidad de la República y a la vida cotidiana de los ciudadanos. Pero Enrique insistía siempre en un punto que consideraba esencial: entre los tres aspectos de la reforma judicial, el más importante era el humano.
En numerosas oportunidades señalaba que ningún diseño institucional, por perfecto que fuera, podía funcionar adecuadamente si quienes integraban el sistema carecían de formación, independencia o compromiso ético. Por el contrario, afirmaba también que incluso un sistema imperfecto podía funcionar razonablemente bien si estaba integrado por buenos jueces y buenos abogados.
Esta idea, que puede parecer sencilla, contiene una enseñanza profunda. La reforma judicial no se agota en la organización de los tribunales ni en la redacción de las leyes procesales. Depende, en gran medida, de la calidad de las personas que ejercen la magistratura y la abogacía.
Por esa razón Fores sostuvo desde sus primeros años que el sistema judicial no está compuesto únicamente por jueces y funcionarios, sino también por los abogados, quienes cumplen un papel esencial como primeros evaluadores de los conflictos que llegan a la Justicia. La formación profesional, la ética y la responsabilidad de los abogados forman parte inseparable del buen funcionamiento del sistema.
Esta preocupación explica también uno de los proyectos más característicos de nuestra institución: el Programa de Entrenamiento para Abogados (PEA), que busca fortalecer las habilidades profesionales necesarias para el ejercicio responsable de la abogacía.
Pero el pensamiento de Enrique del Carril no se limitaba al diagnóstico del sistema judicial. También tenía una mirada muy clara sobre el papel que debía cumplir Fores dentro del debate público.
En una de sus últimas reflexiones sobre el futuro de la institución escribió algo que merece ser recordado. Decía que Fores no debía convertirse en un ámbito cerrado ni en un espacio donde se compitiese por poseer una verdad revelada sobre la Justicia. Por el contrario, debía seguir siendo un lugar abierto al debate, donde cada integrante pudiera aportar su mirada y donde la riqueza de la institución surgiera precisamente de esa diversidad.
Este enfoque es coherente con el espíritu que animó a los fundadores en 1976. Desde el comienzo, Fores sostuvo que los problemas de la Justicia no debían quedar confinados a los especialistas. Era necesario instalar el tema en la agenda pública, interesar a la ciudadanía y promover un trabajo interdisciplinario que permitiera pensar soluciones duraderas.
Esa vocación de apertura explica también el respeto que Fores ha logrado construir a lo largo de cinco décadas de trabajo. Desde sus primeras conferencias sobre reforma judicial, organizadas en 1977 y 1978, la institución buscó convocar a jueces, abogados, académicos, empresarios y ciudadanos interesados en el fortalecimiento del Estado de Derecho.
La experiencia demostró que este camino no siempre era fácil. Las propuestas de reforma profunda suelen generar resistencias y, en ocasiones, incomprensión. Sin embargo, esa misma coherencia en el mensaje permitió que Fores se consolidara como un interlocutor respetado en el debate sobre la Justicia.
Hoy, cuando la reforma judicial vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública, muchas de las ideas que Fores planteó hace casi medio siglo se han convertido en parte del lenguaje habitual del debate institucional.
El concepto mismo de “reforma judicial integral”, hoy tan extendido, fue impulsado
tempranamente por nuestra institución para señalar que los problemas del sistema judicial no podían resolverse mediante medidas aisladas.
Recordar a Enrique del Carril es, en definitiva, recordar ese espíritu fundacional.
Un espíritu que combina reflexión crítica, compromiso institucional y vocación de servicio público.
Quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo sabemos que Enrique encarnaba estas virtudes de manera ejemplar. Fue un abogado de sólida formación, un profesor comprometido con la transmisión del conocimiento y un ciudadano preocupado por la calidad de nuestras instituciones. A lo largo de su vida profesional participó activamente en el desarrollo de Fores y en la elaboración de propuestas para mejorar el sistema judicial argentino.
Pero quizás su legado más importante no sea una idea particular ni un proyecto específico. Es, más bien, una forma de entender el papel del Derecho y de las instituciones en la vida democrática. Una forma que combina independencia intelectual, apertura al debate y convicción en la necesidad de fortalecer las bases del Estado de Derecho.
Ese es el desafío que Fores tiene por delante.
Seguir promoviendo reformas que mejoren el funcionamiento del sistema judicial. Seguir formando abogados comprometidos con su responsabilidad institucional. Y seguir siendo un espacio plural donde las ideas puedan debatirse con libertad y rigor.
Ese fue el espíritu con el que nació Fores.
Y ese es, también, el legado que Enrique del Carril nos deja.